sábado, 8 de septiembre de 2007

PEQUEÑA AUTOPSIA ESPIRITUAL

No creían haberlo visto. Sin embargo, ahí estaba Él, sosteniendo sus plegarias y conteniéndolas antes de partir. Ocurrió tan velozmente... Oscureció. Cuando cerró sus ojos, no sabía dónde estaba, mas los dardos lo acertaron e hirieron para su posterior -necesario- dolor. Coronado y astillado, se morían de ganas de tocarlo, de matarlo. Al menos eso narra la fábula. Y no le avisaron que el doctor dormía. Ya no hay tiempo de lamentos. Sus jeroglíficos no habrían de ser decodificados hasta algunos siglos después. Mas todavía no arriba el día del sol, y aún se huele el misterio cuando se consume la vela. No, gracias, yo no. Problemas los de ellos, que regulan sus comportamientos y ocultan las ambiciones. Atados a presiones, con miedo a ser castigados y anhelando un lugar mejor. Conformarse con lo que no tienen no deberían aceptar. A mí, no me desagrada. A la sazón, me parece una novela muy original, pero nunca la terminé de leer. Por otro lado, no me olvido que sí leí que su doctrina fue -es y será- un instrumento de dominación de las clases subalternas.
Cuando creyeron haberlo visto, ya se había ido. Es tan ilógico aprender una lengua en segundos, como no creer en tus convicciones. Siempre por tus convicciones. Oh! Debemos de jurar morir en nombre de las gloriosas convicciones; y juremos con gloria morir.

05/06/02